V Campamento Misionero de la PUM llevó esperanza a la comunidad de La Sabana
Durante diez días, religiosos, seminaristas y laicos misioneros acompañaron a una comunidad de La Guaira afectada por los sismos del pasado 24 de junio
Del 14 al 24 de agosto, la parroquia San José de La Sabana, en la Diócesis de La Guaira, acogió el V Campamento Misionero de la Pontificia Unión Misional (PUM), una experiencia que reunió a 14 participantes, entre religiosas, seminaristas, un sacerdote y laicos misioneros provenientes de las diócesis de Los Teques, Araure, Maracay y La Guaira, así como de las Arquidiócesis de Caracas y Barquisimeto.
El encuentro se desarrolló en una comunidad que continúa afrontando las consecuencias de los sismos registrados el pasado 24 de junio. En medio de las pérdidas y del dolor, los misioneros encontraron una población que busca reconstruirse no solo materialmente, sino también en sus vínculos, su esperanza y su vida comunitaria.
Una misión que se hizo cercana al dolor
Los objetivos planteados para esta quinta edición —fortalecer la conciencia misionera, compartir el testimonio de una vida entregada con sencillez, intercambiar experiencias carismáticas y acercarse a la cosmovisión de los pueblos originarios— adquirieron una dimensión especial ante la realidad encontrada en La Sabana.
Bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión», los participantes hicieron de la cercanía y el acompañamiento una expresión concreta de su vocación misionera. La experiencia permitió escuchar a las familias, compartir con la comunidad y generar espacios de encuentro y esperanza en medio de una situación marcada por el duelo y la incertidumbre.
Más que llevar respuestas, el campamento propició una presencia cercana junto a quienes atraviesan momentos difíciles, recordando que la misión también consiste en estar, escuchar, acompañar y caminar junto a las comunidades.
Los niños, protagonistas de la esperanza
Uno de los frutos más significativos de la experiencia fue el encuentro con los niños de La Sabana. El temor inicial provocado por los sismos fue dando paso, durante los días del campamento, a espacios de alegría, convivencia y confianza.
Con su espontaneidad y vitalidad, los niños se convirtieron en protagonistas de la experiencia misionera. Sus sonrisas y su capacidad de volver a jugar y compartir ayudaron a renovar el ánimo de la comunidad y mostraron que, incluso después de una experiencia dolorosa, es posible volver a mirar hacia adelante.
En ellos, los misioneros descubrieron también una enseñanza: la misión no se limita a llevar esperanza; muchas veces son las propias comunidades quienes enseñan a los misioneros a reconocerla y compartirla.
Una comunidad que mira hacia el futuro
La Sabana continúa viviendo las consecuencias de los sismos y el camino de recuperación será progresivo. Sin embargo, la experiencia del V Campamento Misionero permitió reconocer en la comunidad una profunda capacidad de resiliencia y una mirada puesta en el futuro.
El encuentro concluyó reafirmando que la misión se construye desde la comunión y la cercanía. En una comunidad herida, los misioneros pudieron compartir la certeza de que Dios permanece presente y acompaña cada paso del camino de reconstrucción.
Así, el V Campamento Misionero de la PUM se convirtió en una experiencia de aprendizaje mutuo: una oportunidad para que los participantes renovaran su compromiso misionero y, al mismo tiempo, para que la comunidad de La Sabana recordara que no está sola y que, aun en medio de las dificultades, la esperanza puede volver a abrirse camino.









