Un siglo de corresponsabilidad misionera


En 2026, el Domingo Mundial de las Misiones, conocido popularmente en los países hispanos como DOMUND, celebra cien años de vida como jornada universal de oración, solidaridad y apoyo a la misión de la Iglesia.

Durante cien años, esta jornada ha inspirado a generaciones de fieles a mirar más allá de sus propias fronteras y a descubrir que la fe cristiana adquiere su medida más auténtica cuando se comparte. En un mundo que a menudo fragmenta, aísla y levanta barreras, el DOMUND ha insistido en una convicción profundamente evangélica: nadie anuncia solo, nadie sostiene solo, nadie evangeliza solo. La misión es siempre una tarea común.

El sueño de Pauline Jaricot y la visión de Pío XI

Aunque el DOMUND nació formalmente hace un siglo, sus raíces se hunden mucho más atrás y se enlazan con una figura decisiva: Pauline Jaricot, beatificada en 2022.

Con sencillez evangélica y una intuición extraordinaria, Pauline promovió una red de oración y pequeñas aportaciones económicas entre trabajadoras de las fábricas de seda. Aquel gesto humilde, casi invisible a los ojos del mundo, terminó convirtiéndose en la Obra de la Propagación de la Fe. Su propuesta era clara: unir muchos pequeños esfuerzos para sostener la misión universal de la Iglesia. No se trataba de grandes sumas, sino de la fuerza de la comunión. Cada centavo, cada oración, cada gesto, tenía valor cuando nacía de un corazón misionero.

Pío XI, conocido con justicia como el “Papa de las Misiones”, asumió esta visión y la integró en el corazón de su pontificado. En un contexto histórico marcado por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, por el auge de los nacionalismos y por tensiones geopolíticas que también afectaban al campo eclesial, el Papa quiso afirmar con claridad el carácter universal de la misión

Ese horizonte quedó sellado el 14 de abril de 1926, cuando, mediante un rescripto de la Sagrada Congregación de Ritos, se instituyó oficialmente el DOMUND como una jornada en la que toda la Iglesia se uniera en oración y colecta universal a favor de las misiones y de los misioneros.

Una misión que se amplía

A lo largo de estas décadas, el DOMUND se ha convertido en una de las expresiones más visibles del compromiso misionero católico. Su historia refleja también la evolución de la idea misma de misión. Si en otros tiempos la evangelización se entendía con frecuencia desde una perspectiva centrada en la expansión geográfica, hoy se comprende de forma más rica y profunda: como testimonio, servicio, diálogo, cercanía y construcción de fraternidad.

Caridad cristiana que transforma vidas

Hoy, el DOMUND sigue siendo la principal iniciativa de las Obras Misionales Pontificias en apoyo al Santo Padre para el sostenimiento de la obra de la Iglesia en los llamados territorios de misión. Son 1.130 territorios en los que vive cerca de la mitad de la población mundial, lo que da una idea de la magnitud de esta responsabilidad compartida. Lejos de ser un dato administrativo, esta realidad revela la urgencia de una solidaridad perseverante y concreta.

Las ayudas recogidas cada año permiten sostener catequistas, seminaristas, pequeñas comunidades cristianas, proyectos educativos, centros de salud, obras sociales y múltiples iniciativas pastorales. En muchas regiones, el apoyo del DOMUND hace posible algo tan básico como que la Iglesia siga presente allí donde la pobreza, la dispersión geográfica o la falta de recursos amenazan con apagar la esperanza.

La celebración del centenario del DOMUND es, por tanto, una ocasión propicia para dar gracias por el compromiso inquebrantable de miles de misioneros y misioneras que han respondido al llamado del Señor con un generoso “sí”. Son hombres y mujeres que han dejado su tierra, su lengua, sus seguridades y, en no pocos casos, su comodidad, para anunciar el Evangelio en contextos difíciles, humildes o marcados por la pobreza.

La actualidad del centenario

El centenario del DOMUND no es únicamente una efeméride institucional. Es la celebración de una idea que ha atravesado un siglo: que la fe cristiana se fortalece cuando se comparte y que la misión de la Iglesia sigue teniendo rostro humano, voz cercana y necesidad de apoyo real. Ese fue el sueño de Pauline Jaricot, esa fue la intuición pastoral de Pío XI y esa sigue siendo la tarea de la Iglesia de hoy.

Celebrar este centenario es, en definitiva, una invitación a mirar el mundo con ojos misioneros. A descubrir que detrás de cada ayuda hay una historia concreta. Que detrás de cada comunidad hay rostros e historias de vida. Que en cada lugar de misión está presente Cristo que sigue actuando en la historia. Y que la Iglesia, cuando vive unida en torno al Evangelio, puede hacer de la solidaridad una forma concreta de anunciar la esperanza.

¡Feliz aniversario!

Pbro. Ricardo Guillén Dávila

Director Nacional
OMP Venezuela