Primeros pasos de un misionero en Japón
El padre Alexandre Rogala, sacerdote perteneciente a las Misiones Extranjeras de París (MEP), llegó a Japón el pasado 3 de enero para iniciar su camino misionero en el país asiático, continuando así una larga tradición evangelizadora de esta sociedad misionera que, desde hace más de tres siglos, ha enviado sacerdotes para anunciar el Evangelio en tierras japonesas.
Antes de asumir una responsabilidad pastoral concreta en una diócesis del país, los misioneros de las MEP deben dedicar un tiempo significativo al aprendizaje del idioma y al conocimiento de la cultura local. Este proceso de preparación resulta fundamental para poder integrarse en la vida cotidiana de la comunidad y comunicar con mayor cercanía el mensaje del Evangelio.
En el caso del padre Rogala, su llegada a Japón estaba prevista inicialmente para agosto de 2025. Sin embargo, un retraso en la obtención del visado lo obligó a permanecer en París hasta el mes de diciembre. Lejos de detener su preparación, aprovechó ese tiempo para comenzar el estudio del idioma japonés, lo que le permitió adquirir una base inicial antes de trasladarse definitivamente al país.
Una vez en Japón, el sacerdote inició los trámites administrativos necesarios para su estancia como extranjero y se instaló en la Casa de San Pedro, perteneciente a la diócesis de Tokio. En esta residencia conviven sacerdotes jubilados y algunos presbíteros que se encuentran en etapa de formación o adaptación, lo que ofrece un ambiente fraterno propicio para comenzar la vida misionera.
Actualmente el padre Rogala continúa profundizando en el aprendizaje del idioma mediante clases particulares, mientras se prepara para incorporarse en abril a una escuela de idiomas donde realizará un programa intensivo de estudios. Aprender japonés directamente en el país, explica, representa una ventaja importante, ya que permite familiarizarse con la pronunciación, las expresiones cotidianas y los aspectos culturales que acompañan al idioma.
No obstante, reconoce que practicar la conversación con los habitantes locales puede resultar un desafío, debido a ciertas características de la cultura japonesa, donde no es común iniciar diálogos con personas desconocidas. Ante esta realidad, el misionero ha buscado maneras sencillas de relacionarse con quienes encuentra en su vida diaria, como conversar con vendedores en las tiendas del barrio o con el personal de la cafetería de la residencia donde vive.
Además, con el deseo de integrarse más plenamente en la vida social de la comunidad, ha decidido unirse a un club de judo, una actividad que no solo le permitirá practicar el idioma, sino también conocer a otras personas y compartir momentos de convivencia.
Estas primeras experiencias forman parte del proceso de adaptación cultural, lingüística y pastoral que vive en los primeros meses de su misión en Japón. Para el padre Rogala, cada encuentro cotidiano, cada palabra aprendida y cada gesto de cercanía representan pequeños pasos en el camino de construir puentes con la sociedad japonesa y prepararse para el servicio evangelizador que pronto le será confiado.
Fuente: OMP España




