OMP Venezuela invita a elevar oraciones por las víctimas del terremoto y sus familias
La emergencia ha dejado una profunda huella en distintas regiones del país, siendo la diócesis de La Guaira una de las más gravemente afectadas. En medio del dolor que enluta a numerosas familias, la Iglesia acompaña con esperanza cristiana a quienes hoy sufren la pérdida de sus seres queridos.
Con profundo pesar, encomendamos al amor misericordioso de Dios a cinco jóvenes que formaban parte activa de la vida pastoral de la diócesis y de las OMP de La Guaira y que entregaron su vida al Señor:
Alejandro Osorio (14 años), integrante de Centimisión Buscando a Cristo, de Tanaguarena.
Chantal Olivo (17 años), miembro de la estación de Jovenmisión “Recibiendo a Cristo”, de Tanaguarena.
Nayra Camacho (17 años), miembro de la estación de Jovenmisión “Recibiendo a Cristo”, de Tanaguarena.
Juan Mieles (18 años), miembro de la estación de Jovenmisión “Recibiendo a Cristo”, de Tanaguarena.
José Medina (20 años), integrante del Grupo Animado San Sebastián, de Maiquetía.
Su testimonio de servicio, amistad y compromiso con la misión deja una huella imborrable en sus comunidades y en todos aquellos que compartieron con ellos el camino de la fe.
En este momento de duelo nacional, las Obras Misionales Pontificias invitan a las parroquias, comunidades religiosas, movimientos apostólicos y a todos los fieles a elevar una oración confiada por el eterno descanso de quienes han partido, pidiendo al Señor que los reciba en su Reino y conceda fortaleza, consuelo y esperanza a sus familias.
Las Obras Misionales Pontificias de Venezuela invitan a toda la Iglesia a elevar sus plegarias en las intenciones de la Eucaristía y en las oraciones personales, familiares y comunitarias por las víctimas del terremoto ocurrido el pasado 24 de junio, encomendando de manera especial a quienes han fallecido, a sus familiares, a las personas desaparecidas y heridas, a los miles de damnificados que enfrentan las consecuencias de esta tragedia, así como a los rescatistas, voluntarios, personal de salud y organismos de atención que continúan sirviendo con generosidad en las labores de rescate, atención y reconstrucción.
Como Iglesia misionera, estamos llamados a vivir la comunión también en el sufrimiento de nuestros hermanos. La oración compartida se convierte en un signo concreto de cercanía, solidaridad y esperanza, recordándonos que, aun en medio del dolor, Cristo Resucitado permanece caminando junto a su pueblo.
Que Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, interceda por nuestra nación y sostenga con su ternura a todas las familias que hoy lloran a sus seres queridos, mientras confiamos a nuestros hermanos difuntos a la misericordia infinita del Padre. Que descansen en la paz del Señor.




