Misioneros llevan esperanza a los niños refugiados en Curiepe


La misión también se hace presente a través de una sonrisa, un juego y un gesto de cercanía. El pasado 2 de julio, el grupo Soldaditos de María que llevan a Jesús, de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Higuerote, realizó una jornada de acompañamiento dirigida a los niños, niñas y adolescentes que permanecen refugiados en el Grupo Escolar Juan Pablo Sojo, en la población de Curiepe, tras la emergencia provocada por el terremoto del pasado 24 de junio.

La iniciativa reunió a diez voluntarios de la comunidad parroquial, quienes, junto a especialistas en arteterapia y otros colaboradores, ofrecieron una tarde llena de alegría, recreación y acompañamiento emocional, buscando aliviar, aunque fuera por unas horas, el impacto que esta tragedia ha dejado en los más pequeños.

Una misión que sana el corazón

Durante la jornada, los voluntarios desarrollaron diversas actividades recreativas y formativas que incluyeron cantos, dinámicas grupales, juegos tradicionales, espacios de oración y momentos de convivencia fraterna.

Como parte del acompañamiento, se realizó una sesión de arteterapia, entregando materiales como cuadernos de dibujo, hojas para pintar, creyones, témperas, pinceles, colores y bloques de dibujo, herramientas que permitieron a los niños expresar sus emociones y fortalecer su proceso de recuperación a través del arte.

La misión continúa

Los beneficiarios de esta actividad fueron los niños y adolescentes refugiados en el Grupo Escolar Juan Pablo Sojo, así como menores provenientes de comunidades cercanas que también han resultado afectados por la emergencia.

Con iniciativas como esta, la comunidad parroquial de Nuestra Señora del Carmen reafirma que la misión de la Iglesia no solo responde a las necesidades materiales, sino que también acompaña las heridas del corazón, llevando consuelo, esperanza y la ternura de Cristo a quienes más lo necesitan.

En medio de la incertidumbre, los Soldaditos de María que llevan a Jesús recuerdan que cada gesto de solidaridad puede convertirse en un signo del amor de Dios y en un paso más hacia la reconstrucción de la esperanza para tantas familias venezolanas.