La misión “por atracción”, al centro del Consistorio Extraordinario convocado por León XIV
Misión y sinodalidad. Estas son las «cuestiones urgentes», percibidas como prioritarias para el presente de la Iglesia, que ocuparon el centro de las reflexiones, propuestas e intercambios de los 170 cardenales reunidos del 7 al 8 de enero en Roma para el primer Consistorio Extraordinario convocado por el papa León XIV.
Los propios cardenales seleccionaron estas dos «cuestiones principales» entre cuatro «temas prioritarios» propuestos por el Papa: Evangelii gaudium, es decir, la misión de la Iglesia en el mundo actual; Praedicate Evangelium, o sea, el servicio de la Santa Sede, especialmente a las Iglesias particulares; el Sínodo y la sinodalidad, como instrumento y estilo de colaboración; y la liturgia, fuente y culmen de la vida cristiana.
En la intervención inicial de la primera sesión, el miércoles 7 de enero por la tarde, el papa León XIV ofreció sugerencias profundas para reafirmar la fuente y la naturaleza propia de la misión confiada a la Iglesia, que cada generación debe redescubrir.
Misión y atracción
El Obispo de Roma leyó íntegramente el primer párrafo de Lumen Gentium, la Constitución sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, que proclama a Cristo como «Luz de las gentes» y recuerda la misión de anunciar «el Evangelio a toda criatura» e «iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo que resplandece en el rostro de la Iglesia».
La Iglesia no brilla con luz propia: es la luz de Cristo la que, «al reflejarse en ella» —recordó el papa León XIV—, «permite a todos los pueblos caminar en medio de las tinieblas del mundo».
Los pontificados de san Pablo VI y san Juan Pablo II —prosiguió el Sucesor de Pedro— «pueden interpretarse globalmente desde esta perspectiva conciliar, que contempla el misterio de la Iglesia plenamente incluido en el de Cristo y comprende así la misión evangelizadora como irradiación de la energía inagotable que emana del acontecimiento central de la historia de la salvación».
Los papas Benedicto XVI y Francisco, añadió, «resumieron esta visión en una sola palabra: atracción». León XIV citó la homilía de Benedicto XVI en la apertura de la Conferencia de Aparecida, en 2007, cuando el papa Ratzinger recordó que «la Iglesia no hace proselitismo. Crece, más bien, por atracción». Y continuó: «El Papa Francisco se mostró totalmente de acuerdo con este enfoque y lo repitió en varias ocasiones en diferentes contextos. Hoy, con alegría, lo retomo y lo comparto con ustedes».
El Pontífice llamó la atención sobre la «fuerza» que impulsa este movimiento de atracción: «esa fuerza es la Charis, es el Ágape, es el Amor de Dios que se encarnó en Jesucristo y que en el Espíritu Santo se dona a la Iglesia y santifica todas sus acciones». En efecto —subrayó—, «no es la Iglesia la que atrae, sino Cristo, y si un cristiano o una comunidad eclesial atrae, es porque a través de ese “canal” llega la savia vital de la caridad que brota del Corazón del Salvador. No es casual que el papa Francisco, que comenzó con Evangelii gaudium, “sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual”, haya concluido con Dilexit nos, “sobre el amor humano y divino del Corazón de Cristo”».
La unidad que atrae, la división que dispersa
Es la fuerza atractiva de Cristo la que une los corazones y hace florecer el milagro de la comunión. «En la medida en que nos amamos unos a otros como Cristo nos ha amado —recordó el papa León XIV, dirigiéndose a los cardenales reunidos en Consistorio—, somos suyos, somos su comunidad y Él puede seguir atrayendo a través de nosotros». Porque «la unidad atrae, la división dispersa».
«Para ser una Iglesia verdaderamente misionera, es decir, capaz de dar testimonio de la fuerza atractiva de la caridad de Cristo, debemos ante todo poner en práctica su mandamiento, el único que nos dio después de lavar los pies a sus discípulos: “Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros”. Y añade: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si os amáis unos a otros”».
Fuente: Agencia Fides




