Mi nombre es Iliana Gómez, soy de la Isla de Margarita, (Venezuela) actualmente me encuentro de misión en la comunidad de San Francisco de Guayo en el Delta del Orinoco. Me incorporé al servicio en mi parroquia después de tomar la Primera Comunión y la Confirmación, poco a poco fui adquiriendo responsabilidad y un sentido de pertenecía por nuestra Iglesia. Con el tiempo el padre me nombró sacristana y apoyaba en la Infancia Misionera, donde disfrutaba mucho participar con los niños en los encuentros. Durante ese tiempo se fue despertando el deseo de ser misionera y el sueño de viajar a África, recuerdo con mucho sentimiento que me lo pasaba cantado la canción alma misionera y sentía que se había encendido una llama en mi corazón.

En el año 2018 llego a nuestra parroquia una religiosa que lleva un Movimiento Misionero de Misericordia en la isla de Margarita, este movimiento está en las zonas más vulnerables de la Isla y está vinculado con la Diócesis. Por invitación de mi párroco me convertí en voluntaria del Movimiento Misionero de Misericordia, este movimiento tiene como propósito: llevar el agua viva a los lugares más alejado donde nadie quiere ir.  Aprendí a servir de una manera diferente, me hice más sensible ante las necesidades de mis hermanos de mí misma comunidad donde cada día me encontraba con Jesús a través de ellos. Realizábamos visitas en la comunidad y evangelización; había un programa para ayudar a los niños a salir de la desnutrición, recuerdo que ellos todas las tardes iban a la casa parroquial a tomar sus alimentos, rezábamos y cantábamos juntos.

En el año 2023, gracias a este movimiento viajé a Croacia, donde aprendí mucho más sobre el movimiento, la cultura del país y sobre su gente; también adquirí una formación misionera más profunda. En el año 2014 me dieron la oportunidad de viajar a África. Cuando me hicieron la propuesta en seguida vino a mi mente ese sueño guardado en mi corazón, comprendí que las cosas llegan en el momento que Dios lo tiene dispuesto como dice la palabra de Dios, «Él ha hecho todo hermoso a su tiempo». Eclesiastés 3,11

Haber estado en África ha sido una bendición, una experiencia maravillosa, e inolvidable. Estuve en Kenia, Uganda y Tanzania. Lo que marcó mi vida fue vivir en una aldea con 40 niños, sin padres que viven con un grupo de personas que los recogieron de la calle y los llevaron a ese lugar y ahí cuidan de ellos, vivir con ellos fue algo maravilloso, aunque no había, electricidad, ni baño, ni agua, muchas veces tampoco había comida, pude aprender a valorar y a agradecer lo que tengo en mi vida. Estos niños a pesar de sus necesidades me enseñaron que se puede a ser feliz y agradecida con lo que se tiene. Comprender que el idioma no es impedimento para comunicarse porque existe el lenguaje del amor, el lenguaje de Dios.

Regresé a Venezuela con el deseo de seguir ese camino misionero y fue así como me puse en contacto con la OMP para participar en los programas misioneros. Después de haber realizado un proceso de formación y discernimiento a través del programa Relevo misionero, donde adquirí herramientas y me preparé para mi vivir una nueva experiencia misionera. Hoy me encuentro en la comunidad de San Francisco de Guayo, comunidad indígena Warao, cuyo nombre significa «gente de agua” que habitan en los caños del Delta.

Poder observar con mis propias ojos las historia que conocía a través de los libros, es algo muy especial, es interesante  ver a los Warao ir venir por el ríos en sus curiaras, también ver cómo viven en palafitos construidos en la orilla del río, hechos con cuatro o seis palos en rectángulo clavados en el suelo fangoso, con piso de troncos y techo de hoja de palma, como duermen en sus  chinchorros elaborados por ellos mismos con el árbol de moriche.

Estoy agradecida primeramente con Dios, con la OMP de Venezuela y de Margarita, con el Movimiento Misionero de Misericordia Zdenac Aljibe, con la comunidad de las hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, quienes me han acogido y me han dado la oportunidad de servir junto a ellas en este hermoso lugar.

También estoy especialmente muy agradecido con el pueblo Warao, que me ha acogido con humildad, sencillez, cariño y humildad, si esperar nada a cambio, simplemente para compartir y vivir un aprendizaje mutuo.

Me encuentro viviendo una gran experiencia misionera, es muy significativo e interesante conocer a estos hermanos y convivir con ellos y apoyar en los programas de alfabetización, la catequesis y la infancia misionera, son encuentros que disfruto y aprecio mucho, es servir a Dios a través de ellos, es reconocer a Dios en cada uno, en sus miradas inocentes, en sus alegrías espontáneas. Cada encuentro con ellos es una experiencia maravillosa que disfruto mucho, me alegra poderles acompañar en este camino de evangelización y formación, mientras rezamos, cantamos, jugamos se da unos aprendizajes reciproco y aprendemos juntos, ellos me enseñan algunas palabras en guaro y disfruto mucho de su alegría, la cual me llena de esperanza y da alegría a mi corazón.

Aunque parezca sencillo no es fácil. Cada misión es un aprendizaje y una experiencia maravillosa, la cual nos permite conocer más Dios en cada hermano sin importa raza, lengua o cultura.

Para mí ha sido un gran aprendizaje, no ha sido fácil, he tenido que aprender a despojarme de mis ideas, en muchos casos de mi propia cultura, de mis comodidades, alejarme de familiares y amigos que en algunos casos no entiende el porqué de esas decisiones y antes los cuales podemos quedar como locos, pero nada de eso es importante cuando sientes una felicidad plena que solo la da una vivir una vida misionera, y comprende que vale la pena dejarlo todo por disfrutar de esa felicidad y anunciara la Buena Nueva. Pero lo más importante es que cada misión me enseña a ver a Dios y a mis hermanos como el centro de todo y que uno queda en segundo plano. El lugar de misión es como un mar o un río donde echamos las redes en el nombre del Señor y obtenemos una pesca abundante de almas para Dios.

Agradezco Señor tu llamado, y te pido que me ayudes a responder a ese llamado con alegría y generosidad, quiero ser tu servidora en este lugar al cual me ha traído, a este lugar bendecido del Delta de Orinoco. Junto con mis hermanos Waraos, estamos viviendo una experiencia muy bonita, donde se produce un aprendizaje recíproco y donde compremos que los más grande que tenemos es el amor infinito de Dios que nos une.

Y como dice la canción “Señor te entrego mi vida, estoy dispuesta a lo que tú quieras, no importa lo que sea, tu llámame a servir.

Estoy convencida de que ser Misionero es “Yaquera Wito” en idioma guaro muy bien.