Hna. Inês Paulo Albino: »Cada niño es protagonista de la misión»


«Dios nos ha creado únicos, pero nadie es más importante que los demás. Lo mismo sucede en la Iglesia. No somos todos iguales, porque Dios nos ha hecho diferentes y ha puesto en cada uno un don particular para compartir. Nadie posee todos los dones, pero todos tenemos algo que ofrecer».

Con estas palabras, la hermana Inês Paulo Albino, secretaria general de la Pontificia Obra de la Santa Infancia (POSI), se dirigió a los niños y adolescentes participantes en el Congreso Nacional de la IAM en Nigeria, celebrado con motivo del 25.º aniversario de su fundación. La religiosa intervino durante el encuentro formativo e interactivo dedicado a los más pequeños, que tuvo lugar ayer por la mañana.

La hermana Albino centró su intervención en la importancia de reconocer la dignidad y el valor de cada persona, así como en la riqueza que nace de las diferencias cuando estas se viven desde la fraternidad.

«Cuando Jesús entra en nuestra vida a través del Bautismo, nos une como hermanos y hermanas. En Jesús nos convertimos en una sola familia. Él nos enseña a amarnos, a ayudarnos y a caminar juntos», explicó.

Ser «uno en Cristo», continuó, «significa tener a Jesús en el centro de nuestra vida. Aquello que nos une es más grande que aquello que nos diferencia». Desde esta perspectiva, subrayó que para Jesús no existen niños más importantes que otros: «No existen niños importantes y niños menos importantes. No existen niños ricos y niños pobres. No existen niños de una tribu mejor que otra. Para Jesús, cada niño es valioso».

Ser misioneros de la unidad

A partir de este mensaje, la secretaria general de la POSI presentó el perfil del «misionero de la unidad», proponiendo a los participantes ejemplos concretos que pueden vivir en su día a día: hacer las paces después de una discusión, respetar a quienes son diferentes, compartir con los demás en lugar de guardarlo todo para uno mismo o acercarse a quien se encuentra solo.

El encuentro incluyó también una actividad manual que permitió a los niños expresar de manera concreta lo aprendido. La dinámica concluyó con un compromiso personal: convertirse en «misioneros de la unidad», identificando entre sus familiares o amigos a una persona por la que rezar y hacia la que realizar un gesto concreto de amor.

Formación, animación y sostenibilidad

Durante la misma mañana, la hermana Inês Paulo Albino se reunió también con los directores diocesanos y coordinadores locales de las Obras Misionales Pontificias (OMP), a quienes ofreció un espacio de formación.

La propuesta, explicó, no pretendía agotar todos los temas, sino poner en marcha un proceso que deberá continuar mediante talleres, testimonios, trabajos en grupo y la elaboración de un plan de acción concreto para cada diócesis. El objetivo es que la formación no se limite a la adquisición de conocimientos, sino que se traduzca en compromisos y acciones concretas.

«Formación, Animación Misionera y Sostenibilidad Económica» fue el título de la intervención, en la que la hermana Albino profundizó en la importancia teológica y pastoral de estos tres ámbitos para la vida y la misión de la Iglesia.

«Formar es esencial porque ninguna misión da fruto sin discípulos preparados; del mismo modo, es necesario animar, porque una comunidad crece cuando cada bautizado se siente parte de la misión», afirmó.

También la dimensión económica forma parte de esta responsabilidad misionera. «Una misión que implica a todos genera también los recursos humanos, espirituales y materiales necesarios para continuar su servicio», explicó.

Una solidaridad que alcanza a todas las Iglesias de misión

La hermana Albino insistió finalmente en que la dimensión económica de la misión no puede reducirse a la recaudación de fondos. Tan importante como obtener recursos es garantizar su adecuada redistribución, de modo que puedan llegar a las Iglesias y comunidades que más los necesitan, incluso cuando no exista un vínculo directo con las Iglesias locales que realizan la aportación.

En este sentido, recordó que las OMP sostienen anualmente un programa de ayuda destinado a las Iglesias de misión, expresión concreta de una solidaridad que busca que los recursos estén al servicio de toda la comunidad eclesial.

Al agradecer la participación y el compromiso de todos, la secretaria general de la POSI puso nuevamente en el centro a los niños y adolescentes, invitando a los adultos a transformar la manera de mirarles y de acompañarles.

«La presencia de los niños, allí donde se encuentren, debería obligarnos a cambiar nuestra mirada y, más aún, a invertir todos nuestros recursos en ellos, a arremangarnos para construir junto a ellos un futuro», afirmó.

Y concluyó con una imagen cargada de esperanza: «Porque cada menor que llega trae consigo un sueño. Y no hay nada más humano que intentar hacerlo realidad».

Fuente: Agencia Fides.