Franciscanas: 90 años al encuentro de los pueblos de la Gran Sabana
Las Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús celebran 90 años de presencia misionera en la Gran Sabana, una historia marcada por la fe, el servicio y el compromiso con las comunidades indígenas y criollas del sur de Venezuela.
Los orígenes de esta misión se remontan a 1930, cuando Mons. Fernando Cento, entonces Nuncio Apostólico, propuso a la Madre Ysabel Lagrange la fundación de una presencia misionera en esta región del país. Aunque la iniciativa fue acogida con entusiasmo, transcurrieron varios años de preparación hasta que, en 1936, se concretó el envío de las primeras hermanas.
Antes de partir, las religiosas recibieron el crucifijo misionero en la Iglesia de Las Mercedes con una consigna que marcaría su camino: “Donde todo está por hacer, hace falta la mujer imprescindible”. Aquellas primeras misioneras emprendieron una travesía que combinó viajes aéreos, largos recorridos a caballo y múltiples desafíos para llegar a estas tierras de misión.
Las primeras comunidades religiosas se establecieron inicialmente en San Francisco de Luepa y, posteriormente, en Kavanayén, donde la misión encontró un nuevo impulso. En 1942, debido a las dificultades del terreno y las condiciones de la zona, la misión fue trasladada a esta comunidad, convirtiéndose en un signo de perseverancia y cercanía con las poblaciones locales.
Durante nueve décadas, las Hermanas Franciscanas han desarrollado una labor evangelizadora integral que ha abarcado la educación, la promoción humana y la atención social. Su trabajo ha impulsado escuelas, talleres de formación y proyectos educativos que han contribuido significativamente al desarrollo de las comunidades de la Gran Sabana.
Entre los frutos más destacados de esta presencia misionera se encuentra la creación de la Escuela Técnica Agropecuaria Santa Teresita en Kavanayén y diversas iniciativas de formación que permitieron a jóvenes indígenas acceder a estudios superiores sin abandonar su territorio, fortaleciendo así el desarrollo de las etnias ancestrales y el arraigo a sus propias culturas.
A lo largo de estos años, las religiosas han acompañado la vida de miles de familias, compartiendo sus alegrías y dificultades, anunciando el Evangelio y promoviendo valores de fraternidad, solidaridad y esperanza. Ni las dificultades geográficas, ni los cambios sociales, ni las circunstancias extraordinarias de los tiempos recientes han detenido esta misión que continúa dando frutos.

En el marco de este aniversario, la Congregación expresó su gratitud por la vida y entrega de todas las hermanas que han servido en estas tierras, recordando especialmente a quienes dedicaron su existencia al anuncio del Evangelio en la Gran Sabana. Asimismo, reconocieron la labor de las religiosas que hoy mantienen viva esta obra mediante el acompañamiento pastoral, educativo y social de niños, jóvenes y familias.
Durante la semana aniversaria, la congregación vivió una intensa programación junto a las comunidades de la Gran Sabana. Las celebraciones iniciaron con una solemne Eucaristía de acción de gracias, seguida de la develación de una galería conmemorativa que recoge los principales hitos de los 90 años de presencia misionera de las Hermanas Franciscanas en este territorio. Este espacio permitió hacer memoria agradecida de una historia marcada por la evangelización, la educación y el servicio a los más necesitados.
En los días posteriores, las hermanas visitaron diversas instituciones de la región, entre ellas el colegio Fe y Alegría, donde compartieron con estudiantes y docentes el carisma que ha inspirado su labor durante casi un siglo. Uno de los momentos más significativos fue el encuentro con las exalumnas de la Casa Hogar Santa Teresita, una de las obras emblemáticas de la congregación. Allí se revivieron historias, testimonios y recuerdos que reflejan la huella de amor, formación y acompañamiento que las religiosas han dejado en generaciones de niñas y jóvenes, especialmente en las comunidades indígenas de la Gran Sabana.
Con gratitud y esperanza, las Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús elevan su oración para que el legado de su fundadora, la Madre Ysabel Lagrange, siga inspirando nuevas generaciones de misioneros dispuestos a servir con humildad, alegría y amor a los más necesitados.
Noventa años después de aquella primera llegada, la historia de estas misioneras continúa siendo un testimonio vivo de que el Evangelio transforma vidas cuando se anuncia con cercanía, entrega y un profundo amor por los pueblos.







