ESAM Nivel 1 fortalece la animación misionera en Calabozo y Maturín
Las Obras Misionales Pontificias continúan impulsando la formación de nuevos animadores misioneros en Venezuela. Durante el mes de septiembre, las Iglesias particulares de Calabozo y Maturín fueron escenario de dos experiencias de la Escuela de Animación Misionera Nivel 1 (ESAM 1), que reunieron a más de medio centenar de participantes en un camino de formación, oración, fraternidad y compromiso con la misión de la Iglesia.
En Calabozo, del 3 al 6 de septiembre, la Casa del Seminario Arquidiocesano San José acogió a 20 cursantes y 8 animadores, provenientes de la Arquidiócesis de Calabozo, la Diócesis de San Fernando de Apure y la Diócesis de Valle de la Pascua. La experiencia permitió fortalecer los vínculos de comunión y cooperación entre estas jurisdicciones eclesiales y brindar herramientas para promover la animación misionera en parroquias y comunidades.
Por su parte, del 4 al 6 de septiembre, la parroquia Santo Domingo de Guzmán, en Caicara de Maturín, recibió a 31 participantes que se incorporaron a este proceso formativo. La escuela estuvo acompañada por el director diocesano de OMP, Pbro. José Felipe Montoya, cuya presencia y animación favorecieron el clima de comunión eclesial y el espíritu misionero durante las jornadas.
Formación para una Iglesia que anuncia
En ambas experiencias, la ESAM 1 se desarrolló como un espacio para profundizar en la identidad misionera de la Iglesia y ofrecer herramientas que permitan a los participantes asumir su responsabilidad como discípulos misioneros y agentes de evangelización en sus propias realidades.
La formación estuvo acompañada por momentos de oración comunitaria, celebración, cantos, convivencia y fraternidad, haciendo de las escuelas no solo espacios de aprendizaje, sino verdaderas experiencias de encuentro con Cristo y de renovación del compromiso apostólico.
En Calabozo, el arzobispo Mons. Manuel Felipe Díaz Sánchez expresó su agradecimiento a las OMP por su dedicación y apoyo a esta experiencia formativa, que consideró necesaria para la provincia eclesiástica. Asimismo, animó a sacerdotes, directores y coordinadores a continuar trabajando por la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM), acercando a niños y adolescentes a Jesús y despertando en ellos el espíritu misionero.
«Después de tantos años, Calabozo vuelve a vivir esta escuela. Para mí, como director de esta Arquidiócesis, es motivo de alegría y también de esperanza para que las Obras tengan un nuevo avivamiento», afirmó el Pbro. Alfredo Suárez, director arquidiocesano de OMP.
Comunidades que se convierten en semilla misionera
El camino formativo vivido en Calabozo y Maturín manifiesta el deseo de las Iglesias particulares de fortalecer sus estructuras de animación misionera y formar agentes capaces de acompañar a las comunidades desde una perspectiva evangelizadora.
A su vez, el Pbro. Eduardo Velásquez, de la Diócesis de San Fernando de Apure, destacó el sentido de perseverancia que implica este proceso: «No ha sido fácil, pero es un camino hermoso que estamos recorriendo para hacer realidad el sueño de nuestros fundadores: que todos conozcan y vivan la misión de la Iglesia».
En Maturín, la ESAM-1 fue descrita como un verdadero espacio de renovación espiritual. La oración, la alegría, la convivencia fraterna y el compartir de la fe permitieron que cada participante asumiera la experiencia como una oportunidad para dejarse transformar por el Espíritu Santo y disponerse al servicio de sus comunidades.
Desde Calabozo hasta Maturín, la ESAM continúa sembrando formación, comunión y compromiso, recordando que una Iglesia que se forma para la misión es también una Iglesia que se dispone a salir al encuentro, anunciar el Evangelio y servir.
Una Iglesia misionera, formada para evangelizar y servir.
Fuente: OMP Calabozo y OMP Maturín.








