En Haití, la Pascua se vive entre el dolor y la esperanza
Haití vive una Pascua marcada por el dolor, pero también por la esperanza que brota de la fe de su pueblo. En medio de la grave crisis provocada por la violencia de las bandas armadas que controlan gran parte del territorio, muchos fieles continúan participando en las celebraciones de Semana Santa siempre que las condiciones lo permiten.
En Puerto Príncipe, capital del país, varias parroquias han tenido que cerrar sus puertas debido a la inseguridad y a los constantes enfrentamientos, obligando a sacerdotes y comunidades a suspender actividades pastorales o trasladarse a zonas más seguras. Sin embargo, en algunas regiones periféricas y en el llamado “Gran Sur” del país, la vida eclesial continúa con relativa normalidad, aunque siempre bajo el riesgo que supone la situación de violencia.
Según explica el padre Massimo Miraglio, misionero camilliano que sirve en la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Pourcine Pic-Makaya, el pueblo haitiano encuentra en la fe la fuerza para resistir. A pesar de secuestros, asesinatos y ataques que afectan incluso a miembros de la Iglesia, los fieles siguen acercándose a los templos y mantienen viva su participación en las celebraciones litúrgicas.
Para muchos, el Viernes Santo adquiere un significado especial, pues el sufrimiento de Cristo en la cruz refleja de alguna manera el dolor que vive diariamente la población. En esa identificación con el Señor crucificado, los haitianos encuentran consuelo y fortaleza para continuar adelante.
La violencia de las bandas no solo golpea las ciudades, sino también las zonas rurales, obligando a miles de personas a abandonar sus hogares y desplazarse hacia lugares más seguros, donde a menudo viven en condiciones precarias y con escasa asistencia. A pesar de sentirse muchas veces olvidados por la comunidad internacional, los haitianos no pierden la esperanza.
En medio de la incertidumbre política y social que atraviesa el país, la celebración de la Pascua se convierte para ellos en un recordatorio de que Dios no abandona a su pueblo. Así, incluso en medio de la oscuridad de la crisis, el pueblo haitiano continúa esperando su propia resurrección, anhelando la paz y la posibilidad de reconstruir su vida cotidiana.
Fuente: Vatican News.




