El legado del primer sacerdote nativo de la Amazonía venezolana


El Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho se vistió de fiesta para celebrar un hito histórico: el 25 aniversario de la ordenación sacerdotal del Pbro. Jorge Aguilar, el primer sacerdote nativo de la Amazonía venezolana.

La celebración, cargada de emotividad y significado, tuvo lugar en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en Puerto Ayacucho, donde el Pbro. Aguilar ejerce su ministerio actualmente.

Imposición de sotana a cargo de Mons. Velasco

La eucaristía de acción de gracias reunió a un nutrido grupo de fieles y clérigos, que incluyó a sacerdotes de la región, así como de las arquidiócesis de Caracas y Calabozo, y la diócesis de Punto Fijo.

También se unieron a la celebración religiosas y religiosos de las congregaciones salesiana y consolata.

Un ministerio de fe y raíces

Entre los asistentes se encontraban familiares, amigos y feligreses de las diversas parroquias donde el padre Jorge ha servido a lo largo de su ministerio, todos unidos para honrar su profundo legado.

Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia fue el ritual de purificación del alma y del espíritu, realizado por miembros de la Pastoral Indígena del Vicariato.

Con el incienso de caraña, un gesto que conectó la fe católica con las tradiciones ancestrales de la Amazonía, la comunidad nativa rindió homenaje a las profundas raíces del padre Jorge.

Los años de formación en el curso propedéutico

La homilía estuvo a cargo del padre Douglas Buenaño, párroco de la Basílica Menor San Pedro Apóstol de Caracas y compañero de estudios del padre Aguilar.

El provicario, padre Giuseppe Bortoli, sdb, transmitió las felicitaciones de Monseñor Jonny Reyes, sdb, obispo del Vicariato. En sus palabras, Bortoli destacó la importancia del ministerio del padre Aguilar para toda la región.

El propio padre Bortoli es una figura clave en la historia local, siendo el primer sacerdote ordenado en la Catedral de Puerto Ayacucho hace 50 años, con una trayectoria de más de cuatro décadas de servicio en los territorios indígenas junto a la Misión Salesiana.

Un camino de perseverancia y vocación

La vocación del padre Aguilar se gestó en su infancia, asistiendo a la capilla San José en Puerto Ayacucho, donde hizo su primera comunión.

Años más tarde, una Peregrinatio Pro Christo en las Barrancas del Orinoco, durante la cual conoció al padre Hernando, encendió la llama de su vocación.

Sacerdotes invitados y la pastoral indígena del vicariato

A pesar de enfrentar comentarios despectivos por ser indígena, el joven Jorge perseveró y, tras una serie de experiencias formativas con los salesianos y los vicentinos, ingresó al Seminario de Caracas en 1991.

La adaptación a la vida en la capital fue un reto, pero su dedicación lo mantuvo firme. Hizo su pastoral en varias comunidades caraqueñas antes de regresar a Puerto Ayacucho.

En 1999 fue ordenado diácono, y el 22 de julio del 2000, recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor José Ángel Divassón Cilveti, sdb, en la Catedral María Auxiliadora.

Durante 25 años, el padre Jorge ha dejado una huella imborrable en las comunidades que ha servido. Desde su primera experiencia como vicario parroquial en El Escondido hasta sus 15 años como párroco de San Enrique, donde atendió a las comunidades de Valle Lindo, Brisas del Orinoco y Cataniapo.

También ha servido en la parroquia Sagrada Familia y en la Comunidad Misionera Jesús de la Misericordia, donde asistió a comunidades de las etnias jivi, maquiritare y piaroa. Actualmente, es el párroco del Sagrado Corazón de Jesús, donde atiende a 13 sectores y a las comunidades de San Gabriel y El Callao, sirviendo tanto a indígenas como a criollos.

Recordando su trayectoria, el padre Jorge se muestra agradecido y reflexiona sobre la importancia de la perseverancia. «Donde se dice que es imposible que surjan vocaciones, las puertas no se cierran, pues hay que perseverar», afirma.

Con pesar, recuerda que a su madre le hubiera gustado verlo como sacerdote, y aunque su padre y otros familiares al principio tuvieron reservas, terminaron sintiéndose orgullosos de su camino.

En medio de una crisis vocacional que afecta a la Iglesia en Venezuela, el padre Aguilar espera que más indígenas, a quienes se refiere con cariño como «parientes», sientan el llamado de Dios.

Su vida es un testimonio vivo de que la fe y la dedicación pueden superar cualquier barrera. Su historia es una luz de esperanza que sigue iluminando los caminos de la Amazonía, un recordatorio de que las vocaciones florecen en los lugares menos esperados, listas para darlo todo por anunciar a Jesús.

Con información de Jesús Segovia Bastidas.