El misionero que se identifica con la vulnerabilidad


El misionero comboniano Christian Carlassare ha sido nombrado por el Papa Francisco nuevo obispo de la diócesis de Bentiu, creada ayer – el territorio de misión 1.126, un tercio de las diócesis del mundo–. Sudán del Sur, su país adoptivo, es el más joven de la Tierra y uno de los más violentos.

Con la creación de esta nueva diócesis de Bentiu, se elevan a ocho las diócesis de Sudán del Sur y a 1.126 los territorios de misión de todo el mundo de los que 527 están en África. Su nuevo obispo, Christian Carlassare, era hasta ahora obispo de Rumbek, pero conoce muy bien a los feligreses de esta zona del país porque de 2020 al 2021 fue vicario general de la diócesis de Malakal, de cuyo territorio se ha creado esta nueva diócesis de Bentiu.

La diócesis de Bentiu cuenta con 621.643 católicos en medio de una población de casi un millón doscientos mil habitantes. Cuenta con solo 11 sacerdotes, siete de ellos diocesanos, lo que significa que hay un sacerdote por cada 56.513 católicos, lo que muestra una grave carencia de clero porque es uno de los porcentajes de católicos por sacerdotes peores del mundo.

Christian Carlassare, de 46 años, nacido en la localidad italiana de Schio, creció en Piovene Rocchette en la diócesis de Padua, donde residen sus padres y su familia. Misionero comboniano, partió para Sudán del Sur en el 2005, al año de ordenarse sacerdote, trabajando en la evangelización del pueblo nuer, enemigo declarado de la etnia dinka, mayoritaria en Rumbek, la diócesis de la que acabaría siendo obispo. También se ocupó de la pastoral juvenil y el acompañamiento vocacional para jóvenes seminaristas en Juba.

En junio de 2020 fue nombrado vicario general de la diócesis de Malakal, hasta el 8 de marzo de 2021 en el que el Papa Francisco le nombró obispo de la diócesis de Rumbek. El 26 de abril de 2021, antes de su consagración episcopal, dos hombres armados le disparaban en ambas piernas.

El misionero no perdió la vida gracias a la rápida intervención de los voluntarios de Medici con l’Africa Cuamm, una ONG italiana cuyo recinto estaba al lado de la casa del obispo. Escucharon los disparos y acudieron inmediatamente para llevarlo a su hospital, donde lograron detener la hemorragia y estabilizarlo. Sería consagrado obispo un año después, el 25 de marzo de 2022.

Como ha explicado el mismo Christian, “la Iglesia de Sudán del Sur es una Iglesia pobre con pocos recursos, pero rica con una comunidad viva de personas fuertes y generosas”, aunque también “es una Iglesia herida y que sufre, pero no falta la fe y la esperanza en la curación. Es una Iglesia joven que tiene un largo camino por recorrer. Es una Iglesia frágil e imperfecta que experimenta el amor compasivo de Dios y está llamada a ser testigo de la misericordia”.

Ante la violencia que lleva arrastrando el país desde prácticamente su independencia en 2011, el nuevo obispo de Bentiu, aventuró una solución, muy en la línea de lo que el Papa Francisco les dijo a los sursudaneses en su visita de febrero del año pasado, “El tejido social de nuestro país no será reconstruido por quienes fomentan el odio y el rencor, sino por las personas que se identifican con la vulnerabilidad de los demás, que rechazan la creación de una sociedad de marginación y división, y actúan en cambio levantando y rehabilitar a los caídos por el bien común”. Sin duda alguna Christian Caldassare es una de esas personas que se identifican con la vulnerabilidad.

Fuente: OMPRESS