La misión de Pauline Jaricot sigue viva


Hace casi 200 años, la beata Pauline Jaricot, fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe, tuvo una intuición profundamente misionera: todos podemos participar en la misión poniendo al servicio de Dios los medios que tenemos a nuestro alcance.

De ese deseo nació, en 1826, el Rosario Viviente: una manera sencilla de unir a muchas personas en oración y hacerlas también misioneras.

La idea era que cada persona rezara diariamente una parte del Rosario y animara a otras a sumarse. Así, pequeñas oraciones ofrecidas por muchos podían formar una gran cadena de oración que, en pocos años, llegó a reunir a más de un millón de personas.

Casi dos siglos después, aquella intuición sigue teniendo mucho que decirnos. Los medios han cambiado, pero la misión permanece: rezar, invitar y ayudar a otros a encontrarse con Dios.

Un Rosario Viviente desde nuestro teléfono

Durante octubre, mes especialmente dedicado al Santo Rosario, la aplicación Rosario, impulsada por la asociación católica Hozana, invita a recuperar esta intuición de Pauline Jaricot y vivirla con los medios de nuestro tiempo.

En la aplicación, el Rosario Viviente se organiza en grupos de cinco personas. Cada integrante se compromete a rezar una decena al día y, unidas, las cinco personas completan diariamente un Rosario entero.

Cuando llegan nuevos participantes, pueden formarse otros grupos y crecer así como una verdadera comunidad de oración.

La propuesta para octubre es sencilla: rezar una decena cada día, invitar a otras personas y profundizar en el Rosario para conocerlo, amarlo y transmitirlo mejor.

¿Cómo sumarse?

Para participar basta con descargar gratuitamente la aplicación Rosario, crear una cuenta y crear un grupo propio, o unirse a un grupo de Rosario Viviente existente.

La aplicación está disponible en este enlace: Rosario APP 

También se ha habilitado el código ROSARIO2026, que permite incorporarse a una gran comunidad de oración que reza especialmente por la difusión del Rosario en todo el mundo.

Y la misión no termina al entrar en la aplicación. Cada participante está invitado a compartir la propuesta con su familia, amigos, parroquia o diferentes grupos.

Porque ser misionero no siempre significa partir lejos. También podemos serlo desde nuestra casa y con los medios que ya tenemos en nuestras manos.

Casi dos siglos después, la intuición de Pauline sigue viva: una persona reza, invita a otra y la misión se multiplica.