Acompañar y escuchar: OMP Venezuela junto a los niños en campamentos
Ante la situación de emergencia provocada por los sismos del pasado 24 de junio, las Obras Misionales Pontificias (OMP) de Venezuela, a través de Centro de Formación Misionera, desarrollaron durante los meses de julio y agosto el programa «Abrazar la esperanza», una iniciativa destinada a fortalecer la preparación de agentes de pastoral y voluntarios que acompañan a las familias afectadas y desplazadas de sus hogares.
La propuesta nació como una respuesta concreta al dolor de tantas personas que, tras perder sus viviendas y enfrentar situaciones de duelo, incertidumbre y trauma, necesitan no solo asistencia material, sino también espacios de escucha, acompañamiento y contención.
Formación para una misión que acompaña
«Abrazar la esperanza» fue concebido para ofrecer herramientas que permitan brindar una atención más organizada, empática e integral en los distintos refugios y comunidades afectadas.
El proceso formativo se desarrolló en dos fases complementarias. La primera correspondió a un módulo de formación asíncrona, en el que se abordaron temas como las actitudes, sentimientos y conductas del misionero; los primeros auxilios psicológicos y espirituales; dinámicas y juegos para refugios, así como aspectos legales y organizativos relacionados con estos espacios.
Esta etapa contó con la participación de Ana Répole, Yesenia Quintero, Isbel Criazzola y Yesenia Alcalá, quienes aportaron herramientas desde distintas áreas para fortalecer el servicio de los participantes.
La segunda fase estuvo conformada por un ciclo de webinars sincrónicos, concebidos como espacios de profundización, encuentro y acompañamiento con especialistas en psicología y teología. Los participantes reflexionaron sobre el manejo del estrés postraumático, el acompañamiento del dolor desde una perspectiva bíblica y espiritual, el proceso del duelo y el mundo interior de las personas desplazadas.
En estos encuentros participaron la psicóloga Carla Echenique, el padre Leonardo Marius, la psicóloga Norelis Álvarez y el padre Livio Ledezma.
Escuchar para servir mejor
Uno de los principales aprendizajes del proceso fue comprender que el acompañamiento requiere mucho más que la disposición de ayudar. Los participantes profundizaron en la importancia de reconocer las manifestaciones físicas y emocionales del trauma, promover estrategias de autocuidado y respetar los tiempos propios de cada persona en su proceso de duelo.
También se destacó la necesidad de brindar una presencia cercana y receptiva, capaz de acompañar el sufrimiento desde la fe sin apresurar los procesos ni imponer respuestas.
El trabajo sobre el mundo interior de las personas desplazadas permitió reconocer la complejidad de las pérdidas que enfrentan quienes han debido abandonar sus hogares, y la importancia de desarrollar una empatía profunda para acompañar estas realidades.
Una experiencia que transforma la manera de servir
Más allá de los contenidos impartidos, «Abrazar la esperanza» se convirtió en una experiencia de encuentro, contención y crecimiento para agentes de pastoral y voluntarios.
El proceso ayudó a profundizar una convicción fundamental: servir no significa solamente ejecutar acciones, sino aprender a escuchar, comprender y acompañar la realidad concreta de quien sufre.
Desde esta perspectiva, el servicio misionero busca también abrir caminos de restauración y dignidad, ayudando a las personas a recuperar progresivamente un horizonte de esperanza y a reconstruir su sentido de vida después de la emergencia.
Sembrar consuelo y esperanza
Para las OMP Venezuela, acompañar forma parte esencial de la misión. En contextos de emergencia, esta tarea exige preparación, escucha activa, sensibilidad y una disposición permanente para ponerse al servicio de quienes atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad.
Con «Abrazar la esperanza», las Obras Misionales Pontificias reafirman su compromiso de formar y acompañar a quienes sirven en primera línea, para que su presencia en refugios y comunidades afectadas pueda convertirse en un espacio de cuidado, dignidad y esperanza.







